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    TAO TE KING (XXXVI al XLV)

     
     

    TAO TE KING

     

     

    XXXVI

    Quien quiera contraer

    algo, antes debe extenderlo.

    Quien quiera debilitar algo,

    antes debe fortalecerle.

    Quien quiera destruir algo,

    antes debe levantarlo.

    Quien quiera obtener algo,

    antes debe haberlo dado.

    Así es el misterio profundo.

    Lo tierno y lo débil

    vencen lo duro y fuerte.

    No debe salir el pez de la profundidad de las aguas.

    Ni deben exhibirse los objetos más valiosos del reino.

     

     

    XXXVII

    El Tao, por su naturaleza, no actúa,

    pero nada hay que no sea hecho por él.

    Si los príncipes y los reyes

    pudieran adherírsele,

    todos los seres evolucionarían por sí mismos.

    Si al evolucionar

    apareciera el deseo de obrar,

    yo lo mantendría en la simplicidad sin nombre.

    En la simplicidad sin nombre no existe el deseo.

    Sin deseos es posible la paz

    y el mundo se ordena por sí mismo.

     

     

    XXXVIII

    La virtud superior no se precia de virtuosa,

    esa es su virtud.

    La virtud inferior aprecia su propia virtud,

    por eso no tiene virtud.

    La virtud superior no actúa

    ni tiene objetivos que alcanzar.

    La virtud inferior actúa

    y tiene objetivos que alcanzar.

    La bondad superior actúa

    y no tiene objetivos.

    La justicia superior actúa

    y tiene objetivos.

    El rito superior actúa

    y, si no halla respuesta, la fuerza.

    Así, perdido el Tao, queda la virtud.

    Perdida la virtud, queda la bondad.

    Perdida la bondad, queda la justicia.

    Perdida la justicia, queda el rito.

    El rito es sólo apariencia de fidelidad

    y origen de todo desorden.

    El conocimiento es sólo flor del Tao

    y origen de la necedad

    Así, el hombre grande

    observa lo profundo y no lo superficial.

    Se atiene al fruto y no a la flor,

    rechaza esto y prefiere aquello.

     

     

    XXXIX

    Lo que antiguamente llegó a la unidad:

    El cielo, en su unidad, obtiene la claridad.

    La tierra, en su unidad, se torna quieta.

    Los espíritus, en su unidad, se hacen poderosos.

    El valle, en su unidad, se vuelve lleno.

    Todos los seres, en su unidad, se reproducen.

    Los príncipes y los soberanos, en su unidad, pueden

    gobernar el mundo.

    Si el cielo no fuera claro, se descompondría.

    Si la tierra no fuera estable, se derrumbaría.

    Si los espíritus no fueran poderosos, perecerían.

    Si el valle no fuera pleno, desaparecería

    Si los seres no se procrearan, se extinguirían.

    Si los príncipes y reyes no destacasen, perderían el gobierno.

    Así, la nobleza tiene su raíz en la vileza.

    Lo alto tiene por fundamento lo bajo.

    Por esto los soberanos se llaman a sí mismos

    «el huérfano», «el indigno», «el pobre».

    ¿No es esto considerar al humilde como su raíz?

    El honor máximo es de aquel que no lo pretende.

    No se debe preferir ser como el jade,

    sino como el más vulgar guijarro.

     

     

    XL

    El retorno es el movimiento del Tao.

    La debilidad es la manifestación del Tao.

    Todos los seres han nacido del Ser

    y el Ser ha nacido del no-ser

     

     

    XLI

    El espíritu superior que oye hablar del Tao,

    lo practica con diligencia.

    El espíritu mediocre que oye hablar del Tao,

    tanto lo conserva como lo pierde.

    El espíritu inferior que oye hablar del Tao,

    ríe ruidosamente.

    Y, por esta risa, se conoce la grandeza del Tao.

    Lo dice el proverbio:

    Iluminar con el Tao es como oscurecer.

    Progresar con el Tao es como retroceder.

    Engrandecer con el Tao es como vulgarizar.

    La virtud superior es semejante a un valle en su oquedad.

    El supremo candor es semejante a la ignominia.

    La vasta virtud es insuficiente.

    La virtud ya fundada es indolente.

    La virtud más pura es como un adulterio.

    El Tao es como un gran cuadrado que no tiene ángulos,

    como una gran vasija que se elabora lentamente,

    como un gran sonido de escasa tonalidad,

    como un gran cuerpo sin forma.

    El Tao es oculto y sin nombre.

    Pero el Tao es generoso y realiza todos los seres.

     

     

    XLII

    El Tao engendra el Uno,

    el Uno engendra el dos,

    el dos engendra el tres.

    El tres engendra todos los seres.

    Todos los seres llevan la sombra a sus espaldas

    y la luz en los brazos.

    Y el aliento de la nada resuelve la armonía.

    Aquello que el hombre aborrece,

    la soledad, la pobreza, la indignidad,

    es el título requerido por los soberanos.

    Porque lo que se disminuye crece

    y lo que se engrandece es disminuido.

    Yo enseño lo que otros han enseñado:

    «el hombre violento no tendrá una muerte natural».

    Esta es la guía de mi enseñanza.

     

     

    XLIII

    Lo más blando del mundo

    vence a lo más duro.

    La nada penetra donde no hay resquicio.

    Por esto conozco la utilidad de la no-acción.

    Enseñanza sin palabras.

    Eficacia en la no-acción.

    Pocos en el mundo llegan a comprenderlo.

     

     

    XLIV

    ¿Qué es más íntimo a nuestra naturaleza,

    la fama o el propio cuerpo?

    ¿Qué es más apreciable, la salud o la riqueza?

    ¿Qué nos duele más,

    ganar una cosa o perder la otra?

    Quien mucho estima su nombre, despilfarra su amor.

    Quien mucho acapara, mucho pierde.

    Quien se contenta con poco nunca es agraviado.

    Quien se contiene no sufre peligros y vivirá largamente.

     

     

    XLV

    La mayor perfección es de apariencia imperfecta,

    pero su acción es inagotable.

    La mayor plenitud es de apariencia vacía,

    pero su acción es inagotable.

    La mayor rectitud es en apariencia retorcida.

    La mayor habilidad es en apariencia torpe.

    La mayor elocuencia es en apariencia incongruente.

    El movimiento vence al frío.

    La quietud vence al calor.

    La quietud absoluta es la norma del mundo.

     

     

     

    “El sabio no enseña con palabras, sino con actos”                  

     

                                   Lao Tse               

     

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