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En un pequeño monasterio Zen, perdido en el medio del bosque, cuatro monjes se reúnen durante un sesshin, periodo de aislamiento y meditación, consagrado al silencio. Es invierno, hace frío y la noche cae. Los cuatro monjes meditan en posición de zazen.
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¡Se ha apagado la vela!.... exclama de repente uno de los monjes.
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Shhhhh... No debes hablar!! este es un sesshin de silencio, le recrimina otro monje.
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Os podéis callar? interviene un tercer monje, bastante irritado.
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Oye, oye, a mi no me mires, que yo no he abierto la boca, añadió en esto el cuarto monje... |
"La abeja revolotea zumbando
hasta tanto no se posa sobre la flor
y liba la dulzura de la miel que hay en ella.
Pero, una vez dentro de la flor,
degusta el néctar silenciosamente.
Mientras el hombre disputa
sobre doctrinas y dogmas,
demuestra que no ha probado
el néctar de la verdad.
Una vez que lo prueba, se torna silencioso."
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Un día, mientras caminaba a través del desierto,
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un hombre se tropezó con un feroz tigre.
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Se puso a correr, pero pronto llegó al borde de un profundo barranco.
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Desesperado por salvarse,
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descendió hasta una rama y quedo colgando sobre el fatal precipicio.
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Mientras se sostenía,
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dos ratones salieron de un agujero del acantilado y comenzaron a roer la rama.
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Repentinamente,
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notó que en la rama había una suculenta fresa silvestre.
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La cogió y se la puso en la boca.
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¡Estaba increíblemente deliciosa! |
“Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías,
mientras esperan la gran felicidad.”
Pearl S. Buck (1892-1973)
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Un día, Buda y su amado discípulo Ananda paseaban por un hermoso jardín. Y Ananda, que gustaba mucho hacerle preguntas a su mentor inicia el siguiente diálogo:
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Maestro, ¿qué es más importante en esta vida, ser abeja o ser hormiga?
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Buda contestó: "Lo más importante es Ser..."
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"Yo entiendo, contestó Ananda, pero de ambas criaturas hay una que es más útil de las dos...."
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A lo que Buda respondió: "El Ser simplemente Es, no le interesa ser útil o no.... Y una hormiga es una criatura lo mismo que la abeja..."
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"Por qué no hay importancia en ninguno, maestro?"
A lo que Buda respondió: "Porque para el Ser no existe la importancia, ni la imagen, ni nada, todo es ilusión". |
“Trata de verte a ti mismo sin ningún temblor, sin falsa modestia, sin miedo, sin justificarte ni condenarte; aprende a vivir contigo mismo tal como eres en realidad.”
Jiddu Krishnamurti
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Hay una historia zen: un estudiante le dijo al maestro Ichu: "Por favor escribe algo de gran sabiduría".
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El maestro Ichu levantó su pincel y escribió: "Atención".
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El estudiante dijo: "¿Es todo?".
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El maestro escribió, "Atención, atención".
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Podemos sustituir la palabra "atención" por "presencia". Atención o presencia es el secreto de la vida y el corazón de la práctica. Cada momento en la vida es absoluto. Es todo lo que hay. No hay nada más que el momento presente. No hay pasado, no hay futuro; solo hay esto.
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Cuando no ponemos atención a esto, nos perdemos todo. Esto puede ser ordenar nuestro asiento de meditación, cortar una cebolla, o visitar alguien indeseable. No importa el contenido del momento; cada momento es absoluto. Es todo lo que hay, y lo que habrá. Y si perdemos no solo este momento, sino uno tras otro, estamos en problemas. |
Charlotte Joko Beck, Nothing Special: Living Zen.
"Aun estando en un bosque vacío él encuentra disfrute porque no desea nada."
El Dhamampada de
Gautama El Buda

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Un joven, preso de la amargura, acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro:
-Querría alcanzar la iluminación pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación. ¿Existe un camino rápido para alguien como yo?
¿Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? -preguntó el monje.
-Sólo en el ajedrez, pues mi familia es rica y nunca trabajé de verdad.
El maestro llamó entonces a otro monje.
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Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada que brillaba al sol.
Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes, te cortaré la cabeza con esta espada; y si ganas se la cortaré a tu adversario. –dijo el monje.
Empezó la partida. El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida. El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él. Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz.
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Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró de reojo al monje. Vio su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo. Evocó su propia vida, ociosa y banal...
Y de repente se sintió tocado por la piedad. Así que cometió un error voluntario y luego otro... Iba a perder.
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Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron.
No hay vencedor ni vencido -dijo-, No caerá ninguna cabeza.
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Se volvió hacia el joven y añadió:
Dos cosas son necesarias: la concentración y la piedad. Hoy has aprendido las dos. |
“Haz lo que tengas que hacer resueltamente, con todo tu corazón. El viajero que duda únicamente levanta polvo en el camino.”
El Dhammapada de Gautama El Buda

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Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
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Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: Esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
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El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha.
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Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar así su fama.
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Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío y fueron todos hasta la plaza de la ciudad.
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El joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados.
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Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
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Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
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- ¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?
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- Si alguien se acerca a tí con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quien pertenece el regalo? preguntó el samurai.
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- A quien intentó entregarlo - respondió uno de los discípulos.
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- Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos - dijo el maestro - cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo. |
"No es el martillo el que deja perfectos los guijarros,
sino el agua con su danza y su canción"
Kikaku
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Daiju visitó al maestro Baso en China.
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Baso preguntó: “¿Qué buscaba?”.
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“Conocimiento”, replicó Daiju.
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“Tienes tu propia tesorería. ¿Por qué buscar fuera?”, preguntó Baso.
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Daiju preguntó:
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“¿Dónde está mi tesorería?”
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Baso respondió:
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“Lo que estás pidiendo es tu tesorería”.
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¡Daiju recibió la revelación! De ahí en adelante siempre urgía a sus amigos:
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“Abre tu propia tesorería, y usa los tesoros”. |
"Y aquellos que miren para adentro
encontrarán inmediatamente aquello que buscaban.
No es una cuestión de progreso gradual,
es un fenómeno súbito, una iluminación repentina."
Osho

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A las charlas del maestro Bankei asistían no sólo estudiantes del Zen sino personas de todos los rangos y sectas. El nunca citaba sutras ni se entregaba a disertaciones escolásticas. Por el contrario, sus palabras salían directamente desde su corazón al corazón de quienes lo escuchaban.
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Su numerosa audiencia enfurecía a un sacerdote de la secta Nichiren porque sus seguidores lo habían abandonado para estudiar el Zen. El egocéntrico sacerdote Nichiren vino al templo dispuesto a debatir con Bankei.
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“¡Eh, maestro Zen!”, gritó. “Aguarda un minuto. Quienquiera que te respete te obedecerá, pero un hombre como yo no te respeta. ¿Puedes hacer que yo te obedezca?”.
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“Ven a mi lado y te lo demostraré”, dijo Bankei.
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Altivamente, el sacerdote se abrió paso a través de la multitud hasta el maestro.
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Bankei sonrió:
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“Ponte a mi lado izquierdo”.
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El sacerdote obedeció.
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“No”, dijo Bankei, “podremos hablar mejor si te colocas a mi derecha. Ven aquí”.
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El sacerdote orgullosamente se pasó a la derecha.
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“¿Ves?”, observó Bankei, “me estás obedeciendo y creo que eres una persona muy gentil. Ahora siéntate y escucha” |
“El que domina a los otros es fuerte;
El que se domina a sí mismo es poderoso.”
Lao-tsé
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Hace largo tiempo en China había un par de amigos, uno de los cuales tocaba el arpa hábilmente y otro que hábilmente escuchaba.
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Cuando el uno tocaba o cantaba acerca de una montaña, el otro decía: “Puedo ver la montaña delante de nosotros”.
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Cuando el uno tocaba acerca del agua, el oyente exclamaba: “¡Aquí hay un torrente!”.
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Pero el oyente enfermó y murió. El primer amigo cortó las cuerdas de su arpa y nunca volvió a tocar.
Desde entonces el cortar las cuerdas del arpa ha sido siempre un signo de amistad íntima. |
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"La vida es un misterio. Por eso cuando uno está vivo uno mismo es un misterio. Cuando te encuentres con alguien que está vivo sentirás un misterio, un fenómeno inexplicable. Sentirás algo que no podrás describir que es..."
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Osho

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Rikyu, el fundador de la ceremonia del té de la escuela Chanoyu, recibió un día, como regalo, unas flores muy bellas: tsuba kides, de parte del superior del templo vecino de Daitoku-ji, en Kyoto.
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Un monje joven se las llevó. Justo delante de la sala de té, dejó caer las hermosas flores sobre el suelo. Todos los pétalos se separaron de golpe. No quedó más que los tallos. El joven monje, confundido, se excusó ante Rikyu, el cual respondió:
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-Entra en la sala de té.
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Delante del nicho, el tokonoma, Rikyu puso simplemente un vaso de ikebana vacío. Después introdujo los tallos de las flores y, en el suelo, sobre el tatami, alrededor del vaso, dispuso armoniosamente los pétalos.
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Quedó muy bello, natural, simple. Rikyu dijo entonces al pequeño monje:
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-Cuando has traído estas flores, eran Shiki:
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Shiki soku ze shiki: el fenómeno es el fenómeno.
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Al caer se han vuelto ku, dejó de haber flores:
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Shiki soku ze ku: el fenómeno es ku, Nada.
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Según el sentido común habrían podido quedar tal y como estaban:
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Ku soku ze ku: Ku es Ku, la Nada es Nada.
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Pero ahora embellecen la estancia:
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Ku soku ze shiki: Ku-Nada es el fenómeno.
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Con nada, esta estancia se volvió muy bella, mucho más bella que empleando muchos elementos de decoración. Justo algunos pétalos depositados sobre el tatami alrededor de un vaso sin flores en el tokonoma.
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Esta historia refleja el espíritu de la ceremonia del té. |
"El arte de vivir consiste, únicamente, en proceder con sencillez"
I Ching
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Dos maestros Zen, Daigu y Gudo, fueron invitados a visitar a un gran señor.
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Al llegar, Gudo dijo al señor:
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“Sois prudente por naturaleza y tenéis una habilidad innata para aprender el Zen”.
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“Tonterías”, dijo Daigu.
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“¿Por qué halagas a este estúpido?.
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El puede ser todo un señor, pero no sabe nada del Zen”.
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Así que, en vez de construir un templo para Gudo, el señor lo construyó para Daigu y estudió Zen con él. |
Las palabras elegantes no son sinceras, las palabras sinceras no son elegantes.
Lao-tsé
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El maestro Basho se paseaba con su discípulo Hyakujo a lo largo de un río. Vieron un pato buscando su comida...
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Al ser sorprendido, el pato levantó vuelo, y maestro y discípulo le siguieron con la vista. Basho y su discípulo se miraron en silencio y de pronto, bruscamente, el maestro atenazó la nariz del discípulo quien gritó de dolor.
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Entonces Basho le dijo:
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—¡Oh! ¡Allí hay un pato que canta!
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El discípulo miró al pato que se alejaba...
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Debes mirar en ti mismo, quería decirle el maestro.
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Sin embargo, no dijo nada de eso. El sentido de esta educación es muy interesante. |
“El Zen es tan simple y sencillo que si te empeñas
en las maquinaciones mentales no logran entenderlo jamás.”
Maestro Yuanwu
A Sozan, un maestro Zen chino.
Le preguntó un estudiante:
”¿Qué es lo más valioso que hay en el mundo?”.
El maestro replicó: “La cabeza de un gato muerto”.
¿Por qué es la cabeza de un gato muerto lo más valioso del mundo?, preguntó el estudiante.
Sozan replicó: “Porque nadie puede decir su precio”.
"También Dios está escondido en el océano de una gota de agua"
(Los Vedas)
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Un dia en que Kyogen barría el jardín delante de la ermita, rodó un pequeño guijarro de la montaña y fue a golpear un bambú. Por este sonido, se despertó y obtuvo el perfecto satori. En el Rinzai se dice que el satori llega repentinamente. Pero ¿qué es el satori? Antes de esta experiencia Kyogen abrigaba siempre una duda. Día tras día, no estaba satisfecho.
Su maestro Issan le decía:
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-Usted es inteligente pero ha leído demasiados sutras. ¡Su inteligencia del Zen proviene de la memoria de los sutras! Usted no puede obtener el shiho. Intente volver a la época de su nacimiento, cuando no podía comprender en que dirección estaban el este y el oeste, y venga a hablarme de ello.
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Después de esto, Kyogen quemó todos sus libros, sus sutras, sus cuadernos y lloró. Dejó el dojo de su maestro, entró en la montaña y vivió solitario. Hizo zazen sólo durante un año, dos años. Un día, al oír el sonido del bambú quebrado por una piedra, se despertó totalmente y sus dudas se disiparon. "Hasta hoy era estúpido".
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Compuso un poema:
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Por un golpe, por el sonido de un guijarro,
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Por el sonido del bambú,
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He olvidado todo. He terminado con las ideas
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que llenaban mi espíritu.
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Mis complicaciones se han acabado.
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Hizo sampai en dirección a su maestro, Issan, y quemó incienso.
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Envió el poema a su maestro, el cual dijo:
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-Este muchacho, mi discípulo, ha comprendido.
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Y le acordó el shiho.
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Daichi compuso un poema sobre esta historia:
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Por el sonido de un choque
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Olvidó todo su saber.
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No quedó nada de él. El vacío total. Pero su satori no dependía de su cerebro. No fue repentino. No lo obtuvo por el bambú, ni por el viento. No hay que decir que obtuvo el satori en ese único instante. No fue repentino. |
"El Nirvana es imposible de captar mediante definiciones verbales,
sólo es accesible mediante analogías"
Buda
Shiho: La transmisión, la certificación del maestro al discípulo.

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He aquí una famosa historia concerniente al maestro Rinzai Ikkyu, que vivió hace alrededor de tres o cuatro siglos.
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Ikkyu era entonces un joven monje en un templo Zen en el que vivía también su hermano; un día, este último dejó caer un cuenco utilizado en la ceremonia del té, y se rompió, este cuenco era tanto más precioso cuanto que había sido ofrecido por el emperador. El superior del templo le riñó severamente, lo cual hizo llorar al pequeño monje.
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Pero Ikkyu le dijo que no se inquietara:
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Tengo sabiduría. Puedo encontrar una solución.
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Reunió los trozos de cerámica, los puso en las mangas de su kolomo y se fue a descansar al jardín del templo, esperando tranquilamente a que el maestro volviera. En el momento en el que le vio, fue a su encuentro y le propuso un mondo:
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-Maestro, los hombres nacidos en este mundo ¿mueren o no mueren?
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-Sin lugar a dudas mueren -respondió el maestro-.
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El mismo Buda murió.
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-Comprendo -dijo Ikkyu-, pero en lo que concierne a las demás existencias, los minerales o los objetos ¿están destinados a morir?
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-Desde luego -respondió el maestro-. Todas las cosas que tienen forma deben morir necesariamente, cuando les llega el momento.
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-Comprendo -dijo Ikkyu-. En suma, como todo es perecedero, no se debería llorar ni lamentar lo que ya no es, ni enfadarse contra el destino...
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-¡No, desde luego! ¿Adónde quieres llegar? -preguntó el maestro.
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Entonces Ikkyu sacó de las mangas de su kolomo los restos del cuenco y se los presento a su maestro.
Este se quedo con la boca abierta. |
"No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos"
(El Talmud)
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Un estudiante de Tendai, una escuela filosófica del Budismo, fue al refugio Zen de Gasan como alumno.
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Cuando partía, unos años más tarde, Gasan le advirtió:
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“Estudiar la verdad especulativamente es útil como una manera de recoger material de predicación. Pero recuerda que a menos que medites constantemente tu luz de la verdad puede apagarse”. |
"Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad"
(Confucio)

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Bodhidharma, nacido de Sri Lanka 500 años después de Jesucristo, era el tercer hijo del rey de esta región hindú. A la edad de ocho años, se podía afirmar que ya tenía el satori. He aquí porqué:
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Un día, su maestro, un gran monje llamado Hanny Tara, recibió del rey una piedra de un valor inestimable.
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El maestro preguntó a los tres príncipes:
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¿Conocéis algo en este mundo que tenga un valor más grande que esta piedra?
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El príncipe primogénito respondió:
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—Solamente usted, Maestro, ha recibido este regalo, usted está en posesión del tesoro más bello de la tierra.
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El segundo príncipe respondió igualmente:
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—Aunque buscáramos toda nuestra vida, no podríamos encontrar en nuestro mundo una piedra comparable.
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Bodhidharma, que tenía entonces ocho años, dijo a su vez
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—Es un verdadero tesoro, un tesoro inestimable, pero es un tesoro de este mundo, un tesoro vulgar. También pienso que vuestra sabiduría es de un gran valor. Comprender el valor de este tesoro es igualmente una forma de sabiduría; no obstante, esta sabiduría no tiene profundidad; comprender que el diamante es una piedra preciosa, de más valor que un trozo de vidrio es sabiduría social.
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Y Bodhidharma añadió:
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—La verdadera sabiduría es comprendemos a nosotros mismos. |
Penetrar la Vía no es difícil, pero no hay que amar ni odiar, ni elegir ni rechazar.
Basta con que no haya ni amor ni odio para que la comprensión aparezca,
espontáneamente clara, como la luz del día en una caverna.
Sosan

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Minagawa Shunzaemon, un célebre poeta muy apegado a la rima y adepto del Zen, oyó hablar de un célebre maestro Zen, Ikkyu, jefe del Templo de Daitoku-ji, situado en la región de los campos violetas. Quiso ser su discípulo y le hizo una visita. En la entrada del templo entablaron el diálogo.
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Ikkyu preguntó:
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- ¿Quien es usted?
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- Un budista -respondió Minagawa.
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- ¿De dónde viene?
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- De su provincia...
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-¡Ah...! ¿Y qué ha sucedido por allí en estos últimos días?
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-Los cuervos graznan, los gorriones gorjean.
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-¿Y dónde cree usted que está ahora?
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-En los campos violetas.
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-¿Por qué?
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-Las flores, esas glorias de la mañana... arteres, crisantemos, azafrán...
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-¿Y cuándo están marchitas...?
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Es Myiagano (un campo célebre por la belleza de sus flores en otoño).
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-¿Qué sucede en ese campo?
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-El río fluye, el viento lo barre.
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Estupefacto al oír estas palabras que tenían el sabor del Zen, Ikkyu le condujo a su habitación y le ofreció té.
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Después improvisó los versos siguientes:
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Un manjar delicado quisiera servirle
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¡Ay! el Zen no puede ofrecer nada...
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Su visitante le respondió:
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El espíritu que solo puede ofrecerme nada es el vacío original,
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Un manjar delicado entre todos.
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Profundamente emocionado, el maestro concluyó:
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¡¡¡Hijo mío, usted ha aprendido mucho!!! |
"Aquel que mira hacia fuera, sueña.
Aquel que mira hacia dentro, despierta”.
Carl Gustav Jung (1875-1961)
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El primer patriarca Zen, Bodhidharma, trajo en el siglo VI la enseñanza Zen de la India a China. El primer capítulo del libro Zen Bi-yan-tu relata la conversación entre Bodhidharma y el emperador Wu-ti de la dinastía Liang.
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El emperador le preguntó al maestro:
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“¿Cuál es el primer sentido de la sagrada Verdad?”.
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Drama contestó:
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“Lejos de eso. ¡Nada sagrado!”.
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El emperador le preguntó entonces:
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“¿Quién está frente a mí?”
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Drama contestó:
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“Yo no lo sé”. |
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“Renuncia a todo mal; practica todo bien; mantén pura tu mente; esto es lo que todos los Buddhas enseñaron.”
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-Dhammapada-
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Joshu inició el estudio del Zen cuando tenía sesenta años y continuó hasta los ochenta, cuando logró comprender el Zen.
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Desde los ochenta hasta los ciento veinte se dedicó a enseñar.
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Un estudiante le preguntó una vez:
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“Si no tengo nada en mi mente, ¿qué hago?”.
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Joshu replicó:
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“Arrójalo”.
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“Pero si no tengo nada, ¿qué voy a arrojar?”, continuó preguntando el alumno.
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“Bueno”, dijo Joshu, “entonces sácalo contigo”. |
“El que golpea y el golpeado son simples actores de un drama tan efímero como un sueño”.
Muso, maestro budista
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