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Rikyu, el fundador de la ceremonia del té de la escuela Chanoyu, recibió un día, como regalo, unas flores muy bellas: tsuba kides, de parte del superior del templo vecino de Daitoku-ji, en Kyoto.
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Un monje joven se las llevó. Justo delante de la sala de té, dejó caer las hermosas flores sobre el suelo. Todos los pétalos se separaron de golpe. No quedó más que los tallos. El joven monje, confundido, se excusó ante Rikyu, el cual respondió:
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-Entra en la sala de té.
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Delante del nicho, el tokonoma, Rikyu puso simplemente un vaso de ikebana vacío. Después introdujo los tallos de las flores y, en el suelo, sobre el tatami, alrededor del vaso, dispuso armoniosamente los pétalos.
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Quedó muy bello, natural, simple. Rikyu dijo entonces al pequeño monje:
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-Cuando has traído estas flores, eran Shiki:
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Shiki soku ze shiki: el fenómeno es el fenómeno.
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Al caer se han vuelto ku, dejó de haber flores:
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Shiki soku ze ku: el fenómeno es ku, Nada.
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Según el sentido común habrían podido quedar tal y como estaban:
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Ku soku ze ku: Ku es Ku, la Nada es Nada.
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Pero ahora embellecen la estancia:
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Ku soku ze shiki: Ku-Nada es el fenómeno.
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Con nada, esta estancia se volvió muy bella, mucho más bella que empleando muchos elementos de decoración. Justo algunos pétalos depositados sobre el tatami alrededor de un vaso sin flores en el tokonoma.
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Esta historia refleja el espíritu de la ceremonia del té. |
"El arte de vivir consiste, únicamente, en proceder con sencillez"
I Ching
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Dos maestros Zen, Daigu y Gudo, fueron invitados a visitar a un gran señor.
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Al llegar, Gudo dijo al señor:
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“Sois prudente por naturaleza y tenéis una habilidad innata para aprender el Zen”.
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“Tonterías”, dijo Daigu.
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“¿Por qué halagas a este estúpido?.
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El puede ser todo un señor, pero no sabe nada del Zen”.
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Así que, en vez de construir un templo para Gudo, el señor lo construyó para Daigu y estudió Zen con él. |
Las palabras elegantes no son sinceras, las palabras sinceras no son elegantes.
Lao-tsé