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    TAO TE KING (XI, XII, XIII, XIV, XV)

     
     
     
     
    TAO TE KING
     
     
    XI
    Treinta radios convergen en el centro
    de una rueda,
    pero es su vacío
    lo que hace útil al carro.
    Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
    pero de su vacío
    depende el uso de la vasija.
    Se abren puertas y ventanas
    en los muros de una casa,
    y es el vacío
    lo que permite habitarla.
    En el ser centramos nuestro interés,
    pero del no-ser depende la utilidad. 


    XII
    Los cinco colores ciegan al hombre.
    Los cinco sonidos ensordecen al hombre.
    Los cinco sabores embotan al hombre.
    La carrera y la caza ofuscan al hombre.
    Los tesoros corrompen al hombre.
    Por eso, el sabio atiende al vientre
    y no al ojo.
    Por eso, rechaza esto y prefiere aquello.


     
    XIII
    El favor y la desgracia inquietan por igual.
    La fortuna es un gran dolor como nuestro cuerpo.
    ¿Qué quiere decir: favor y desgracia inquietan por igual?
    El favor eleva y la desgracia abate.
    Conseguir el favor es la inquietud.
    Perderlo es la inquietud.
    Este es el sentido de «favor y desgracia inquietan por igual»
    ¿Qué quiere decir: la fortuna es un gran dolor como nuestro cuerpo?
    La causa por la que padezco dolor es mi propio cuerpo.
    Si no lo tuviese,
    ¿qué dolor podría sentir?
    Por esto, quien estime al mundo igual a la fortuna de
              su propio cuerpo,
    puede gobernar el mundo.
    Quien ame al mundo como a su propio cuerpo,
    se le puede confiar el mundo.

     
    XIV
    Se le llama invisible porque mirándole
    no se le ve.
    Se le llama inaudible porque escuchándole
    no se le oye.
    Se le llama impalpable porque tocándole
    no se le siente.
    Estos tres estados son inescrutables
    y se confunden en uno solo.
    En lo alto no es luminoso,
    en lo bajo no es oscuro.
    Es eterno y no puede ser nombrado,
    retorna al no-ser de las cosas.
    Es la forma sin forma
    y la imagen sin imagen.
    Es lo confuso e inasible.
    De frente no ves su rostro,
    por detrás no ves su espalda.
    Quien es fiel al Tao antiguo
    domina la existencia actual.
    Quien conoce el primitivo origen
    posee la esencia del Tao.

     
    XV
    Los sabios perfectos de la antigüedad
    eran tan sutiles, agudos y profundos
    que no podían ser conocidos.
    Puesto que no podían ser conocidos,
    sólo se puede intentar describirlos:
    Eran prudentes, como quien cruza un arroyo en invierno;
    cautos, como quien teme a sus vecinos por todos lados;
    reservados, como un huésped;
    inconstantes, como el hielo que se funde;
    compactos, como un tronco de madera;
    amplios, como un valle;
    confusos, como el agua turbia.
    ¿Quién puede, en la quietud, pasar lentamente de lo
    turbio a la claridad?
    ¿Quién puede, en el movimiento, pasar lentamente
    de la calma a la acción?
    Quien sigue este Tao
    no desea ser pleno.
     No siendo pleno
    puede quedar en lo viejo
    sin renovarse
     
     
     
     

    “Con buenas palabras se puede negociar,                            

    pero para engrandecerse se requieren buenas obras”                            

     

    Lao Tse                    

     
     

    TAO TE KING (V, VI, VII, VIII, IX, X)

     
     
     
     
     
    TAO TE KING
     
     
    V
    El universo no tiene sentimientos;
    todas las cosas son para él como perros de paja.
    El sabio no tiene sentimientos;
    el pueblo es para él como un perro de paja.
    El universo es como un fuelle,
    vacío, pero nunca agotado.
    Cuanto más se mueve,
    más produce.
    Quien más habla
    menos le comprende.
    Es mejor incluirse en él.
     

    VI
    El espíritu del valle no muere.
    Es la hembra misteriosa.
    La puerta de lo misterioso femenino
    es la raíz del universo.
    Ininterrumpidamente, prosigue
    su obra sin fatiga.


    VII
    El cielo es eterno y la tierra permanece.
    El cielo y la tierra deben su eterna duración
    a que no hacen de sí mismos
    la razón de su existencia.
    Por ello son eternos.
    El sabio se mantiene rezagado
    y así es antepuesto.
    Excluye su persona
    y su persona se conserva.
    Porque es desinteresado
    obtiene su propio bien.

     

    VIII
    La suprema bondad es como el agua.
    El agua todo lo favorece y a nada combate.
    Se mantiene en los lugares
    que más desprecia el hombre
    y, así, está muy cerca del Tao.
    Por esto, la suprema bondad es tal que,
    su lugar es adecuado.
    Su corazón es profundo.
    Su espíritu es generoso.
    Su palabra es veraz.
    Su gobierno es justo.
    Su trabajo es perfecto.
    Su acción es oportuna.
    Y no combatiendo con nadie,
    nada se le reprocha.
     

    IX
    Más vale renunciar antes que sostener
    en la mano un vaso lleno
    sin derramarlo.
    La espada que usamos y afilamos
    continuamente
    no conservará mucho tiempo su hoja.
    Una sala llena de oro y jade
    nadie la puede guardar.
    Quien se enorgullece de sus riquezas
    atrae su propia desgracia.
    Retirarse de la obra acabada,
    del renombre conseguido,
    esa es la ley del cielo.
     

    X
    Unir cuerpo y alma en un conjunto
    del que no puedan disociarse.
    Dominar la respiración hasta hacerla
    tan flexible como la de un recién nacido.
    Purificar las visiones hasta
    dejarlas limpias.
    Querer al pueblo y gobernar el Estado
    practicando el no-hacer.
    Abrir y cerrar las puertas del cielo
    siendo como la mujer.
    Conocer y comprenderlo todo
    usar la inteligencia.
    Engendrar y criar,
    engendrar sin apropiarse,
    obrar sin pedir nada,
    guiar sin dominar,
    esta es la gran virtud.
     
     
     
     

    “Lo que le da su valor a una taza de barro                                        

     es el espacio vacío que hay entre sus paredes.”                               

     

    Lao Tse                         

     

    TAO TE KING (I, II, III, IV)

     
     
     
    Lao Tse (570-490 a. de nuestra era)
    Para los taoístas, Confucio siempre estuvo eclipsado por Lao Tse, a quien respetuosamente llamaban Lao Chün (Lao, el venerable señor). El, en virtud de su sosiego, consiguió la comunión con el Tao, y aunque no se preocupaba por sobresalir se sintió obligado a intentar la instrucción de los principes feudales y sus ministros con el fín de que todo lo que está bajo los cielos pudiera librarse de la anarquía reinante. Lamentablemente sus alumnos prefirieron los festejos y cacerías a dejarse empapar por la sabiduría de Lao Tse, por lo que el anciano abandonó aquella tarea que no le ofrecía ninguna esperanza.
    Montó sobre su búfalo y fue a los parajes solitarios mas alla de los confines del imperio. Al llegar a la frontera, el guardián del paso le pidió algún documento de su sabiduría, a lo cual Lao Tse condescendió pintando los cinco mil caracteres que formarían el "Libro del Tao y su Virtud", Tao Te King.
    Siguió su camino, y no se le volvió a ver.
     
     
     
     
     
    TAO TE KING
     
     
    I
    El Tao que puede ser expresado
    no es el verdadero Tao.
    El nombre que se le puede dar
    no es su verdadero nombre.
    Sin nombre es el principio del universo;
    y con nombre, es la madre de todas las cosas.
    Desde el no-ser comprendemos su esencia;
    y desde el ser, sólo vemos su apariencia.
    Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
    origen, aunque distinto nombre.
    Su identidad es el misterio.
    Y en este misterio
    se halla la puerta de toda maravilla.

    II
    Todo el mundo toma lo bello lo bello,
    y por eso conocen qué es lo feo.
    Todo el mundo toma el bien por el bien,
    y por eso conocen qué es el mal.
    Porque, el ser y el no-ser se engendran mutuamente.
    Lo fácil y lo difícil se complementan.
    Lo largo y lo corto se forman el uno de otro.
    Lo alto y lo bajo se aproximan.
    El sonido y el tono armonizan entre sí.
    El antes y el después se suceden recíprocamente.
    Por eso, el sabio adopta la actitud de no-obrar
    y practica una en sin palabras.
    Todas las cosas aparecen sin su intervención.
    Nada usurpa ni nada rehúsa.
    Ni espera recompensa de sus obras,
    ni se atribuye la obra acabada,
    y por eso, su obra permanece con él.

    III
    No ensalzar los talentos
    para que el pueblo no compita.
    No estimar lo que es difícil de adquirir
    para que el pueblo no se haga ladrón.
    No mostrar lo codiciable
    para que su corazón no se ofusque.
    El sabio gobierna de modo que
    vacía el corazón,
    llena el vientre,
    debilita la ambición,
    y fortalece los huesos.
    Así evita que el pueblo tenga saber
    ni deseos,
    para que los más astutos
    no busquen su triunfo.
    Quien practica el no-obrar todo
    lo gobierna.
     
     
    IV
    El Tao es vacío,
    imposible de colmar,
    y por eso, inagotable en su acción.
    En su profundidad reside el origen
    de todas las cosas.
    Suaviza sus asperezas,
    disuelve la confusión,
    atempera su esplendor,
    y se identifica con el polvo.
    Por su profundidad parece ser eterno.
    No sé quién lo concibió,
    pero es más antiguo que los dioses.


     

     

                                                                                                                      “Él no pretende para sí sus perfecciones.

                                                                                                                       Ama y nutre todas las cosas,

                                                                                                                       pero no las señorea.

     

                                                                                                                       El  Tao, sin hacer nada,

                                                                                                                       no deja nada sin hacer.”

     

                                                                                                                                                                                    Lao Tse

     

    Atención, atención

     
     

     

    Hay una historia zen: un estudiante le dijo al maestro Ichu: "Por favor escribe algo de gran sabiduría".
     
    El maestro Ichu levantó su pincel y escribió: "Atención".
     
    El estudiante dijo: "¿Es todo?".
     
    El maestro escribió, "Atención, atención".
     
    Podemos sustituir la palabra "atención" por "presencia". Atención o presencia es el secreto de la vida y el corazón de la práctica. Cada momento en la vida es absoluto. Es todo lo que hay. No hay nada más que el momento presente. No hay pasado, no hay futuro; solo hay esto.
     
    Cuando no ponemos atención a esto, nos perdemos todo. Esto puede ser ordenar nuestro asiento de meditación, cortar una cebolla, o visitar alguien indeseable. No importa el contenido del momento; cada momento es absoluto. Es todo lo que hay, y lo que habrá. Y si perdemos no solo este momento, sino uno tras otro, estamos en problemas.
     

                                                                                                                     Charlotte Joko Beck, Nothing Special: Living Zen.
     
     

     

    "Aun estando en un bosque vacío                                               
    él encuentra disfrute                                               
    porque no desea nada."                                              
     


     

    El Dhamampada de                          

    Gautama El Buda