Yamato's profileSuprema ArmoníaPhotosBlogListsMore Tools Help

Suprema Armonía

El Silencio

 
 
 

En un pequeño monasterio Zen, perdido en el medio del bosque, cuatro monjes se reúnen durante un sesshin, periodo de aislamiento y meditación, consagrado al silencio. Es invierno, hace frío y la noche cae. Los cuatro monjes meditan en posición de zazen.

 

¡Se ha apagado la vela!.... exclama de repente uno de los monjes.

 

Shhhhh... No debes hablar!! este es un sesshin de silencio, le recrimina otro monje.

 

Os podéis callar? interviene un tercer monje, bastante irritado.

 

Oye, oye, a mi no me mires, que yo no he abierto la boca, añadió en esto el cuarto monje...

 
 
 
 

"La abeja revolotea zumbando                      

hasta tanto no se posa sobre la flor                      

y liba la dulzura de la miel que hay en ella.                     

Pero, una vez dentro de la flor,                     

degusta el néctar silenciosamente.                     

Mientras el hombre disputa                      

sobre doctrinas y dogmas,                     

demuestra que no ha probado                     

el néctar de la verdad.                     

Una vez que lo prueba, se torna silencioso."                     

 
 

Ramakrishna          

 

TAO TE KING (XXVI al XXXV)

 
 
 
 
TAO TE KING
 
 

XXVI
Lo pesado es la raíz de lo ligero.
La calma somete a lo agitado.
Así, el sabio cuando viaja
no se aleja de la caravana.
Aunque pueda disfrutar de las cosas más excelsas,
conserva su paz y se hace superior.
¿Cómo el dueño de diez mil carros
puede obrar con ligereza en el imperio?
Quien se comporta ligeramente
pierde la raíz de su poder.
Quien se ofusca,
se pierde a sí mismo.


XXVII
Un buen caminante no deja huellas.
Un buen orador no se equivoca ni ofende.
Un buen contable no necesita útiles de cálculo.
Un buen cerrajero no usa barrotes ni cerrojos,
y nadie puede abrir lo que ha cerrado.
Quien ata bien no utiliza cuerdas ni nudos,
y nadie puede desatar lo que ha atado.
Así, el sabio que siempre ayuda a los hombres,
no los rechaza.
El sabio que siempre conserva las cosas,
no las abandona.
De él se dice que está deslumbrado por la luz.
Por esto, el hombre bueno no se considera maestro
de los hombres;
y el hombre que no es bueno estima como buenas las
 cosas de los hombres.
No amar el magisterio ni la materia de los hombres,
y aparentar ignorancia, siendo iluminado,
éste es el secreto de toda maravilla.


XXVIII
Quien conoce su esencia masculina,
y se mantiene en el principio femenino,
es como el arroyo del mundo.
Mientras sea como el arroyo del mundo
la virtud eterna no lo abandonará,
y retornará a la infancia.
Quien conoce su propia blancura,
y se mantiene en la oscuridad,
es como ser el modelo del mundo.
Mientras sea como el modelo del mundo,
la virtud eterno no se alterará en él,
y retornará a lo absoluto.
Quien conoce su gloria,
y se mantiene en la desgracia,
es como el valle del mundo.
Mientras sea como el valle del mundo
la virtud eterna le colmará
y retornará a la sencillez.
Lo sencillo, cuando se divide,
modela todos los útiles.
El sabio, cuando gobierna
rige a todos los ministros
y así conserva la unidad.


XXIX
Quien pretende el gobierno del mundo
y transformar éste,
se encamina al fracaso.
El mundo es, un vaso espiritual que no se puede manipular.
Quien lo manipula lo empeora,
quien lo tiene lo pierde.
Porque, en las cosas,
unas van por delante, otras detrás.
Unas soplan suavemente, otras con fuerza.
Unas son vigorosas, otras débiles.
Unas permanecen, otras caen.
Por esto, el sabio rechaza todo exceso,
evita lo pródigo
y rebaja toda exhuberancia.


XXX
Quien gobierna ateniéndose a Tao
no acosa al mundo con las armas
porque es un uso que tiende a retomar.
Donde acamparon las tropas
sólo pueden nacer espinas y zarzas,
y tras los ejércitos, vienen los años de miseria.
Así, el hombre bueno se conforma con lo obtenido
sin usar la violencia.
Y todo lo toma sin enorgullecerse,
sin jactancia,
sin obstinación,
sin enriquecerse.
Porque, las cosas, cuando han llegado a su madurez
empiezan a envejecer.
Esto ocurre a todo lo opuesto a Tao.


XXXI
Las armas son instrumentos nefastos.
El hombre de Tao nunca se sirve de ellas.
El hombre de bien considera la izquierda como sitio de honor,
pero permanece a la derecha cuando porta armas.
Las armas son instrumentos nefastos,
no adecuados para el hombre de bien.
Sólo las usa en caso de necesidad,
y lo hace comedidamente,
sin alegría en la victoria.
El que se alegra de vencer
es el que goza con la muerte de los hombres.
Y quien se complace en matar hombres
no puede prevalecer en el mundo.
Para los grandes acontecimientos
el sitio de honor es la izquierda,
y la derecha para los hechos luctuosos.
El segundo jefe se coloca a la izquierda,
y el primer jefe a la derecha, que es el lugar reservado
en los ritos fúnebres.
Quien haya matado
debe llorar con dolor y tristeza.
La victoria en la guerra
debe seguir el rito funerario.


XXXII
El Tao, en su eternidad, carece de nombre.
Aunque mínimo en su unidad,
el mundo no puede contenerla.
Si los príncipes y los reyes
pudieran permanecer en el Tao
todos los seres se les someterían.
El cielo y la tierra
se unirían para llover dulce rocío
El pueblo, sin gobierno
por sí mismo se ordenaría con equidad.
Cuando en el principio se dividió, dando formas a
a todas las cosas,
tuvo nombres.
Con los nombres supo contenerse,
y así, no corre peligro.
El Tao es al universo
como los riachuelos y los valles son respecto a los
ríos y al mar.


XXXIII
El que conoce a los demás es inteligente.
El que se conoce a sí mismo es iluminado.
El que vence a los demás es fuerte.
El que se vence a sí mismo es la fuerza.
El que se contenta es rico.
El que se esfuerza sin cesar es voluntarioso.
El que permanece en su puesto, vive largamente
El que muere y no perece, es eterno.


XXIV
El gran Tao es como río que fluye en todas las direcciones.
Todos los seres le deben la existencia
y él a ninguno se la niega.
Cuando realiza su obra, no se la apropia.
Cuida y alimenta a todos los seres sin adueñarse de ellos.
Carece de ambiciones,
por eso puede ser llamado pequeño.
Todos los seres retornan a él sin que los reclame,
y por eso puede ser llamado grande.
De la misma forma, el sabio nunca se considera grande,
y así, perpetúa su grandeza.


XXXV
El que guarda la Gran Forma
es el modelo del mundo.
El mundo no sufre mal alguno
y queda en paz, prosperidad y equilibrio.
La música y los manjares
detienen al caminante,
pero lo que exhala el Tao
no tiene sabor.
Se mira el Tao y no complace a la vista.
Se escucha el Tao y no complace al oído.
Se bebe del Tao y es inagotable.

 
 
 

“Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo,                   

pero recuerda todo lo negro que existe”                    

 

Lao Tse            

 

La Fresa

 
 
 
 
Un día, mientras caminaba a través del desierto,
un hombre se tropezó con un feroz tigre.
 
Se puso a correr, pero pronto llegó al borde de un profundo barranco. 
 
Desesperado por salvarse,
descendió hasta una rama y quedo colgando sobre el fatal precipicio. 
 
Mientras se sostenía,
dos ratones salieron de un agujero del acantilado y comenzaron a roer la rama.  
 
Repentinamente,
notó que en la rama había una suculenta fresa silvestre. 
 
La cogió y se la puso en la boca. 
 
¡Estaba increíblemente deliciosa!
 
 
 
 

“Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías,                           

mientras esperan la gran felicidad.”                            

 

Pearl S. Buck (1892-1973)               

 

¿Ser abeja o Ser hormiga?

 
 
 

Un día, Buda y su amado discípulo Ananda paseaban por un hermoso jardín. Y Ananda, que gustaba mucho hacerle preguntas a su mentor inicia el siguiente diálogo:

 

Maestro, ¿qué es más importante en esta vida, ser abeja o ser hormiga?

 

Buda contestó: "Lo más importante es Ser..."

 

"Yo entiendo, contestó Ananda, pero de ambas criaturas hay una que es más útil de las dos...."

 

A lo que Buda respondió: "El Ser simplemente Es, no le interesa ser útil o no.... Y una hormiga es una criatura lo mismo que la abeja..."

 

"Por qué no hay importancia en ninguno, maestro?"

 

A lo que Buda respondió: "Porque para el Ser no existe la importancia, ni la imagen, ni nada, todo es ilusión".

 
 
 
 

“Trata de verte a ti mismo sin ningún temblor,                            
sin falsa modestia, sin miedo,                            
sin justificarte ni condenarte;                            
aprende a vivir contigo mismo                            
tal como eres en realidad.”   
                         

Jiddu Krishnamurti                

 

TAO TE KING (XVI al XXV)

 
 
 
TAO TE KING
 
 

XVI
Alcanza la total vacuidad
para conservar la paz.
De la aparición bulliciosa de todas las cosas,
contempla su retorno.
Todos los seres crecen agitadamente,
pero luego, cada una vuelve a su raíz.
Volver a su raíz es hallar el reposo.
Reposar es volver a su destino.
Volver a su destino es conocer la eternidad.
Conocer la eternidad es ser iluminado.
Quien no conoce la eternidad
camina ciegamente a su desgracia.
Quien conoce la eternidad
da cabida a todos.
Quien da cabida a todos es grandioso.
Quien es grandioso es celestial.
Quien es celestial es como Tao
Quien es como el Tao es perdurable.
Aunque su vida se extinga, no perece.


 XVII
El gran gobernante pasa inadvertido por el pueblo.
A éste sucede el que es amado y elogiado por el pueblo.
Después, el que es temido.
Y finalmente, el despreciado.
Si no hay una confianza total,
se obtiene la desconfianza.
El gran gobernante practica el no-hacer
y así, a la obra acabada sigue el éxito.
Entonces, el pueblo cree vivir según su propia ley.


 XVIII
Cuando se abandona el Tao
aparecen la bondad y la justicia.
Con la inteligencia y la astucia
surgen los grandes hipócritas.
Cuando no existe armonía entre los seis parientes,
se necesita la piedad filial y el amor paternal.
Cuando hay revueltas en el reino,
se inventa la fidelidad del buen súbdito.


XIX

Rechaza la sabiduría y el conocimiento,
y aprovechará cien veces más al pueblo.
Rechaza la benevolencia y desecha la justicia,
y el pueblo volverá a la piedad y el amor.
Rechaza la habilidad y su provecho,
y no habrá más bandidos ni ladrones.
Pero estas tres normas no bastan.
Por esto, atiende a lo sencillo. y genuino, reduce tu
egoísmo, y restringe los deseos.


XX
Suprime el estudio y no habrá preocupaciones.
¿Qué diferencia hay entre el sí y el no?
¿Qué diferencia hay entre el bien y el mal?
No es posible dejar de temer
lo que los hombres temen.
No es posible abarcar todo el saber.
Todo el mundo se enardece y disfruta,
como cuando se presencia un gran sacrificio,
o como cuando se sube a una torre en primavera.
Sólo yo quedo impasible,
como el recién nacido que aún no sabe sonreír.
Como quien no sabe adónde dirigirse,
como quien no tiene hogar.
Todo el mundo vive en la abundancia,
sólo yo parezco desprovisto.
Mi espíritu está turbado
como el de un ignorante.
Todo el mundo está esclarecido,
sólo yo estoy en tinieblas.
Todo el mundo resulta penetrante,
sólo yo soy torpe.
Como quien deriva en alta mar.
Todo el mundo tiene algo que hacer,
sólo yo soy un inútil.
Sólo yo soy diferente a todos los demás
porque aprecio a la Madre que me nutre.


XXI
La grandeza de toda virtud
reside en su fidelidad al Tao.
El Tao es algo confuso e intangible.
Es confuso e intangible, pero tiene formas.
Es confuso pero brillante porque abarca muchas cosas.
Es profundo y oscuro pero contiene una esencia.
Esta esencia es verdadera.
Desde los tiempos más remotos conserva invariable su nombre.
Es el origen de todos los seres.
¿Cómo conocer el origen de todos los seres?
Por esto mismo.


XXII
Lo humillado será engrandecido.
Lo inclinado será enderezado.
Lo vacío será lleno.
Lo envejecido será renovado.
Lo sencillo y puro será alcanzado,
pero lo complicado y extenso causará confusión.
Por esto, el sabio abraza la unidad
y es el modelo del mundo.
Destaca porque no se exhíbe.
Brilla porque no se guarda.
Merece honores, porque no se ensalza.
Posee el mando, porque no se impone.
Nadie le combate porque él a nadie hace la guerra.
¿Son acaso vanas las palabras del antiguo proverbio:
«lo humillado será engrandecido»?
Por esto mismo, el sabio preservará su grandeza.


XXIII
Hablar poco es lo natural.
Un huracán no dura toda la mañana.
Un aguacero no dura todo el día.
¿Quién hace estas cosas?
El cielo y la tierra.
Sí las cosas del cielo y la tierra
no pueden durar eternamente,
¿cómo las cosas del hombre?
Así, quien sigue el Tao
se une al Tao.
Quien sigue la virtud,
se une a la virtud.
Quien sigue el defecto,
se une al defecto.
Quien se identifica con una de estas cosas,
por ella es acogido.
Pero a esto no se da suficiente crédito.


  XXIV

Quien se sostiene de puntillas no permanece mucho
 tiempo en pie.
Quien da  largos pasos no puede ir muy lejos.
Quien se  exhibe carece de luz.
Quien se  alaba no brilla.
Quien se  ensalza no merece honores.
Quien se  glorifica no llega.
Para Tao, estos excesos,
son como excrecencias y restos de comida que a todos
 repugnan.
Por eso, quien posee el Tao
no se detiene en ellos.


XXV
Antes aún que el cielo y la tierra
ya existía un ser inexpresable.
Es un ser vacío y silencioso, libre,
inmutable y solitario.
Se encuentra en todas partes
y es inagotable.
Puede que sea la Madre del universo.
No sé su nombre,
pero lo llamo Tao.
Si me esfuerzo en nombrarlo
lo llamo «grande».
Es  grande porque se extiende.
Su  expansión le lleva lejos.
La  lejanía le hace retornar.
El Tao, pues, es grande y el cielo es grande.
La tierra es grande y también lo es el hombre.
En el universo hay cuatro cosas grandes,
y el hombre del reino es una de ellas.
El hombre sigue la ley de la tierra.
La tierra sigue la ley del cielo.
El cielo sigue la ley del Tao.
El Tao sigue su propia ley.

 

 

 

 

"Todo lugar con el que entres en contacto,                    

 es un lugar para practicar el camino"                     

Lao Tse            

 

TAO TE KING (XI, XII, XIII, XIV, XV)

 
 
 
 
TAO TE KING
 
 
XI
Treinta radios convergen en el centro
de una rueda,
pero es su vacío
lo que hace útil al carro.
Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío
depende el uso de la vasija.
Se abren puertas y ventanas
en los muros de una casa,
y es el vacío
lo que permite habitarla.
En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad. 


XII
Los cinco colores ciegan al hombre.
Los cinco sonidos ensordecen al hombre.
Los cinco sabores embotan al hombre.
La carrera y la caza ofuscan al hombre.
Los tesoros corrompen al hombre.
Por eso, el sabio atiende al vientre
y no al ojo.
Por eso, rechaza esto y prefiere aquello.


 
XIII
El favor y la desgracia inquietan por igual.
La fortuna es un gran dolor como nuestro cuerpo.
¿Qué quiere decir: favor y desgracia inquietan por igual?
El favor eleva y la desgracia abate.
Conseguir el favor es la inquietud.
Perderlo es la inquietud.
Este es el sentido de «favor y desgracia inquietan por igual»
¿Qué quiere decir: la fortuna es un gran dolor como nuestro cuerpo?
La causa por la que padezco dolor es mi propio cuerpo.
Si no lo tuviese,
¿qué dolor podría sentir?
Por esto, quien estime al mundo igual a la fortuna de
          su propio cuerpo,
puede gobernar el mundo.
Quien ame al mundo como a su propio cuerpo,
se le puede confiar el mundo.

 
XIV
Se le llama invisible porque mirándole
no se le ve.
Se le llama inaudible porque escuchándole
no se le oye.
Se le llama impalpable porque tocándole
no se le siente.
Estos tres estados son inescrutables
y se confunden en uno solo.
En lo alto no es luminoso,
en lo bajo no es oscuro.
Es eterno y no puede ser nombrado,
retorna al no-ser de las cosas.
Es la forma sin forma
y la imagen sin imagen.
Es lo confuso e inasible.
De frente no ves su rostro,
por detrás no ves su espalda.
Quien es fiel al Tao antiguo
domina la existencia actual.
Quien conoce el primitivo origen
posee la esencia del Tao.

 
XV
Los sabios perfectos de la antigüedad
eran tan sutiles, agudos y profundos
que no podían ser conocidos.
Puesto que no podían ser conocidos,
sólo se puede intentar describirlos:
Eran prudentes, como quien cruza un arroyo en invierno;
cautos, como quien teme a sus vecinos por todos lados;
reservados, como un huésped;
inconstantes, como el hielo que se funde;
compactos, como un tronco de madera;
amplios, como un valle;
confusos, como el agua turbia.
¿Quién puede, en la quietud, pasar lentamente de lo
turbio a la claridad?
¿Quién puede, en el movimiento, pasar lentamente
de la calma a la acción?
Quien sigue este Tao
no desea ser pleno.
 No siendo pleno
puede quedar en lo viejo
sin renovarse
 
 
 
 

“Con buenas palabras se puede negociar,                            

pero para engrandecerse se requieren buenas obras”                            

 

Lao Tse                    

 
 

TAO TE KING (V, VI, VII, VIII, IX, X)

 
 
 
 
 
TAO TE KING
 
 
V
El universo no tiene sentimientos;
todas las cosas son para él como perros de paja.
El sabio no tiene sentimientos;
el pueblo es para él como un perro de paja.
El universo es como un fuelle,
vacío, pero nunca agotado.
Cuanto más se mueve,
más produce.
Quien más habla
menos le comprende.
Es mejor incluirse en él.
 

VI
El espíritu del valle no muere.
Es la hembra misteriosa.
La puerta de lo misterioso femenino
es la raíz del universo.
Ininterrumpidamente, prosigue
su obra sin fatiga.


VII
El cielo es eterno y la tierra permanece.
El cielo y la tierra deben su eterna duración
a que no hacen de sí mismos
la razón de su existencia.
Por ello son eternos.
El sabio se mantiene rezagado
y así es antepuesto.
Excluye su persona
y su persona se conserva.
Porque es desinteresado
obtiene su propio bien.

 

VIII
La suprema bondad es como el agua.
El agua todo lo favorece y a nada combate.
Se mantiene en los lugares
que más desprecia el hombre
y, así, está muy cerca del Tao.
Por esto, la suprema bondad es tal que,
su lugar es adecuado.
Su corazón es profundo.
Su espíritu es generoso.
Su palabra es veraz.
Su gobierno es justo.
Su trabajo es perfecto.
Su acción es oportuna.
Y no combatiendo con nadie,
nada se le reprocha.
 

IX
Más vale renunciar antes que sostener
en la mano un vaso lleno
sin derramarlo.
La espada que usamos y afilamos
continuamente
no conservará mucho tiempo su hoja.
Una sala llena de oro y jade
nadie la puede guardar.
Quien se enorgullece de sus riquezas
atrae su propia desgracia.
Retirarse de la obra acabada,
del renombre conseguido,
esa es la ley del cielo.
 

X
Unir cuerpo y alma en un conjunto
del que no puedan disociarse.
Dominar la respiración hasta hacerla
tan flexible como la de un recién nacido.
Purificar las visiones hasta
dejarlas limpias.
Querer al pueblo y gobernar el Estado
practicando el no-hacer.
Abrir y cerrar las puertas del cielo
siendo como la mujer.
Conocer y comprenderlo todo
usar la inteligencia.
Engendrar y criar,
engendrar sin apropiarse,
obrar sin pedir nada,
guiar sin dominar,
esta es la gran virtud.
 
 
 
 

“Lo que le da su valor a una taza de barro                                        

 es el espacio vacío que hay entre sus paredes.”                               

 

Lao Tse                         

 

TAO TE KING (I, II, III, IV)

 
 
 
Lao Tse (570-490 a. de nuestra era)
Para los taoístas, Confucio siempre estuvo eclipsado por Lao Tse, a quien respetuosamente llamaban Lao Chün (Lao, el venerable señor). El, en virtud de su sosiego, consiguió la comunión con el Tao, y aunque no se preocupaba por sobresalir se sintió obligado a intentar la instrucción de los principes feudales y sus ministros con el fín de que todo lo que está bajo los cielos pudiera librarse de la anarquía reinante. Lamentablemente sus alumnos prefirieron los festejos y cacerías a dejarse empapar por la sabiduría de Lao Tse, por lo que el anciano abandonó aquella tarea que no le ofrecía ninguna esperanza.
Montó sobre su búfalo y fue a los parajes solitarios mas alla de los confines del imperio. Al llegar a la frontera, el guardián del paso le pidió algún documento de su sabiduría, a lo cual Lao Tse condescendió pintando los cinco mil caracteres que formarían el "Libro del Tao y su Virtud", Tao Te King.
Siguió su camino, y no se le volvió a ver.
 
 
 
 
 
TAO TE KING
 
 
I
El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.
Sin nombre es el principio del universo;
y con nombre, es la madre de todas las cosas.
Desde el no-ser comprendemos su esencia;
y desde el ser, sólo vemos su apariencia.
Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
origen, aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio.
Y en este misterio
se halla la puerta de toda maravilla.

II
Todo el mundo toma lo bello lo bello,
y por eso conocen qué es lo feo.
Todo el mundo toma el bien por el bien,
y por eso conocen qué es el mal.
Porque, el ser y el no-ser se engendran mutuamente.
Lo fácil y lo difícil se complementan.
Lo largo y lo corto se forman el uno de otro.
Lo alto y lo bajo se aproximan.
El sonido y el tono armonizan entre sí.
El antes y el después se suceden recíprocamente.
Por eso, el sabio adopta la actitud de no-obrar
y practica una en sin palabras.
Todas las cosas aparecen sin su intervención.
Nada usurpa ni nada rehúsa.
Ni espera recompensa de sus obras,
ni se atribuye la obra acabada,
y por eso, su obra permanece con él.

III
No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón,
llena el vientre,
debilita la ambición,
y fortalece los huesos.
Así evita que el pueblo tenga saber
ni deseos,
para que los más astutos
no busquen su triunfo.
Quien practica el no-obrar todo
lo gobierna.
 
 
IV
El Tao es vacío,
imposible de colmar,
y por eso, inagotable en su acción.
En su profundidad reside el origen
de todas las cosas.
Suaviza sus asperezas,
disuelve la confusión,
atempera su esplendor,
y se identifica con el polvo.
Por su profundidad parece ser eterno.
No sé quién lo concibió,
pero es más antiguo que los dioses.


 

 

                                                                                                                  “Él no pretende para sí sus perfecciones.

                                                                                                                   Ama y nutre todas las cosas,

                                                                                                                   pero no las señorea.

 

                                                                                                                   El  Tao, sin hacer nada,

                                                                                                                   no deja nada sin hacer.”

 

                                                                                                                                                                                Lao Tse

 

Atención, atención

 
 

 

Hay una historia zen: un estudiante le dijo al maestro Ichu: "Por favor escribe algo de gran sabiduría".
 
El maestro Ichu levantó su pincel y escribió: "Atención".
 
El estudiante dijo: "¿Es todo?".
 
El maestro escribió, "Atención, atención".
 
Podemos sustituir la palabra "atención" por "presencia". Atención o presencia es el secreto de la vida y el corazón de la práctica. Cada momento en la vida es absoluto. Es todo lo que hay. No hay nada más que el momento presente. No hay pasado, no hay futuro; solo hay esto.
 
Cuando no ponemos atención a esto, nos perdemos todo. Esto puede ser ordenar nuestro asiento de meditación, cortar una cebolla, o visitar alguien indeseable. No importa el contenido del momento; cada momento es absoluto. Es todo lo que hay, y lo que habrá. Y si perdemos no solo este momento, sino uno tras otro, estamos en problemas.
 

                                                                                                                 Charlotte Joko Beck, Nothing Special: Living Zen.
 
 

 

"Aun estando en un bosque vacío                                               
él encuentra disfrute                                               
porque no desea nada."                                              
 


 

El Dhamampada de                          

Gautama El Buda                          

 

La concentración y la piedad

 
 
 
Un joven, preso de la amargura, acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro:
 
-Querría alcanzar la iluminación pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación. ¿Existe un camino rápido para alguien como yo?
 
¿Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? -preguntó el monje.
 
-Sólo en el ajedrez, pues mi familia es rica y nunca trabajé de verdad.
 
El maestro llamó entonces a otro monje.
 
Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada que brillaba al sol.
 
Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes, te cortaré la cabeza con esta espada; y si ganas se la cortaré a tu adversario. –dijo el monje.
 
Empezó la partida. El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida. El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él. Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz.

Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró de reojo al monje. Vio su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo. Evocó su propia vida, ociosa y banal...
 
Y de repente se sintió tocado por la piedad.  Así que cometió un error voluntario y luego otro...  Iba a perder.
 
Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron.
 
No hay vencedor ni vencido -dijo-, No caerá ninguna cabeza.
 
Se volvió hacia el joven y añadió:
 
Dos cosas son necesarias: la concentración y la piedad.  Hoy has aprendido las dos.
 
 
 
“Haz lo que tengas que hacer resueltamente,                               
con todo tu corazón.                                                                         
El viajero que duda                                                                            
únicamente levanta polvo en el camino.”                                    
 
El Dhammapada de Gautama El Buda              
 

Zazen Wasan

 
 
 
 
Zazen Wasan
 
(El Himno del Zazen)
 
 
Hakuin
 
 
Todos los seres son desde el principio Budas.
Es como el agua y el hielo;
sin agua no puede haber hielo.
No hay Budas si no es en los seres vivientes.
Al no saber que está aquí cerca, lo buscamos lejos. ¡Qué lástima!
 
Es como el que llora de sed estando en el agua;
es como el hijo de una casa noble extraviado entre los pobres.
La causa de nuestro deambular a través de los seis mundos
es que estamos perdidos en los oscuros caminos de la ignorancia;
y nos extraviamos cada vez más en la oscuridad.
¿Cuándo escaparemos de nacimiento y muerte?
 
La meditación Zen del Mahayana
excede toda alabanza.
La generosidad, la moralidad y las demás perfecciones;
invocar el nombre de Buda, el arrepentimiento, la disciplina,
y muchas otras correctas acciones;
se reencuentran todas en la práctica de la meditación.
 
Por el mérito de una sola sentada/meditación
él destruye sus inumerables pecados acumulados.
¿Cómo puede haber un falso camino para él?
El paraíso de la Tierra Pura no está muy lejos.
Cuando, reverenciándola,
esta verdad es escuchada aunque sea una sola vez,
el que la alaba y felizmente la acoge, obtiene infinitos méritos.
Entonces ¿cuántos más méritos obtendrá él que empieza a dirigirse
 hacia su propio interior
y confirma directamente su propia naturaleza
-ésa naturaleza que es la no-naturaleza-
 
Ése ha trascendido las vanas palabras.
La puerta se abre, y causa y efecto son uno.
El camino discurre en línea recta; no hay dos, ni tres.
Tomando como forma la forma de la no-forma,
yendo o viniendo él siempre está en casa.
 
Tomando como pensamiento el pensamiento del no-pensamiento,
cantando y danzando, todo es la voz de la Verdad.
Inmenso es el cielo del ilimitado Samadhi;
radiante la luna llena de la cuádruple sabiduría.
¿Qué queda para ser buscado? El Nirvana está clararamente ante él.
Aquí mismo es el paraíso del Loto,
Este cuerpo mismo es el cuerpo del Buda.
 
 
 
 
 
 
¡No te desplaces al jardin lleno de flores!                         
¡Oh, amigo!, no vayas allí.                         

En tu cuerpo está el jardín florido.                         
Siéntate sobre los mil pétalos de loto                          
y contempla allí la infinita Belleza.                          


   Kabir                
 
 

El viejo Maestro Samurai

 
 
 
 
Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
 
Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: Esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.
 
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha.
 
Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar así su fama.
 
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío y fueron todos hasta la plaza de la ciudad.
 
El joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados.
 
Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
 
Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
 
- ¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?
 
- Si alguien se acerca a tí con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quien pertenece el regalo? preguntó el samurai.
 
- A quien intentó entregarlo - respondió uno de los discípulos.
 
- Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos - dijo el maestro - cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
 
 
 

"No es el martillo el que deja perfectos los guijarros,                     

sino el agua con su danza y su canción"                                          

 

Kikaku          

 

Abre tu propia tesorería

 
 
 

 

Daiju visitó al maestro Baso en China.

 

Baso preguntó: “¿Qué buscaba?”.

 

“Conocimiento”, replicó Daiju.

 

“Tienes tu propia tesorería. ¿Por qué buscar fuera?”, preguntó Baso.

 

Daiju preguntó:

 “¿Dónde está mi tesorería?”

 

Baso respondió:

“Lo que estás pidiendo es tu tesorería”.

 

¡Daiju recibió la revelación! De ahí en adelante siempre urgía a sus amigos:

“Abre tu propia tesorería, y usa los tesoros”.

 

 

 

"Y aquellos que miren para adentro                                               

encontrarán inmediatamente aquello que buscaban.                   


No es una cuestión de progreso gradual,                                       

es un fenómeno súbito, una iluminación repentina."                   

Osho         
 

Obediencia

 
 
 
 
A las charlas del maestro Bankei asistían no sólo estudiantes del Zen sino personas de todos los rangos y sectas. El nunca citaba sutras ni se entregaba a disertaciones escolásticas. Por el contrario, sus palabras salían directamente desde su corazón al corazón de quienes lo escuchaban.
 
Su numerosa audiencia enfurecía a un sacerdote de la secta Nichiren porque sus seguidores lo habían abandonado para estudiar el Zen. El egocéntrico sacerdote Nichiren vino al templo dispuesto a debatir con Bankei.
 
“¡Eh, maestro Zen!”, gritó. “Aguarda un minuto. Quienquiera que te respete te obedecerá, pero un hombre como yo no te respeta. ¿Puedes hacer que yo te obedezca?”.
 
“Ven a mi lado y te lo demostraré”, dijo Bankei.
 
Altivamente, el sacerdote se abrió paso a través de la multitud hasta el maestro.
 
Bankei sonrió:
“Ponte a mi lado izquierdo”.
El sacerdote obedeció.
 
“No”, dijo Bankei, “podremos hablar mejor si te colocas a mi derecha. Ven aquí”.
El sacerdote orgullosamente se pasó a la derecha.
 
“¿Ves?”, observó Bankei, “me estás obedeciendo y creo que eres una persona muy gentil. Ahora siéntate y escucha”
 
 
 
 
 
“El que domina a los otros es fuerte;                          
El que se domina a sí mismo es poderoso.”              
 
Lao-tsé         
 

Hsin-Hsin-Ming - Creer en la mente

 
 
 
HSIN-HSIN-MING
Creer en la Mente - El Libro de la Nada
 
 
El Método Perfecto no conoce dificultades 
Salvo que rehusa hacer preferencias; 
Sólo cuando está libre de odio y amor 
Se revela plenamente sin disfraz; 
Basta la diferencia de un décimo de pulgada 
Para que cielo y tierra se separen; 
Si deseas verlo con tus propios ojos, 
No fijes tu pensamiento en su favor ni en su contra. 
 
Alzar lo que te gusta contra lo que te disgusta 
Es la enfermedad de la mente: 
Cuando no se entiende el profundo significado (del Método), 
La paz de la mente se perturba para nada. 
 
(El Método es) perfecto como el vasto espacio, 
Con nada que falte, con nada superfluo: 
En realidad, debido a que se escoge 
Su talidad se pierde de vista. 
 
No persigas las marañas externas, 
Mora en el vacío interno; 
Sé sereno en la unidad de las cosas, 
Y (el dualismo) se desvanecerá por sí solo. 
 
Cuando te esfuerzas por ganar la quietud, deteniendo el movimiento, 
La quietud así ganada está siempre en movimiento; 
Mientras te demores en el dualismo, 
¿Cómo puedes realizar la unidad? 
 
Y cuando la unidad no se entiende cabalmente, 
De dos modos se soporta la pérdida: 
La negación de la realidad es su afirmación, 
Y la afirmación del vacío es su negación. 
 
Verbosidad e intelección... 
Cuando más les hacemos compañía, Más nos extraviamos; 
Fuera, pues, con la verbosidad y la intelección, 
Y no habrá lugar por donde no podamos pasar  libremente. 
 
Cuando volvemos la raíz, ganamos el significado; 
Cuando perseguimos los objetos externos, perdemos la razón. 
En el instante en que nos iluminamos por dentro, 
Atravesamos el vacío de un mundo que nos enfrenta.
 
Las transformaciones que se suceden en un mundo vacío que nos enfrenta 
Parecen reales en su totalidad debido a la Ignorancia; 
Procura no ir en pos de lo verdadero, 
Cesa tan sólo de no abrigar opiniones. 
 
No mores en el dualismo, 
Evita cuidadosamente perseguirlo; 
Tan pronto tengas lo correcto y lo erróneo, 
Sucederá la confusión, y la Mente se perderá. 
 
Los dos existen por causa del Uno, 
Pero no te aferres siquiera a este Uno; 
Cuando la mente no está perturbada, 
Las diez mil cosas no prodigan ofensa. 
 
No se prodiga ofensa, no hay diez mil cosas; 
No se produce perturbación, y ninguna mente es puesta a trabajar: 
El sujeto se aquieta cuando el objeto cesa, 
El objeto cesa cuando el sujeto se aquieta. 
 
El objeto es un objeto para el sujeto, 
El sujeto es un sujeto para el objeto: 
Has de saber que la, relatividad de los dos 
Reposa, en última instancia, en un solo Vacío.
  
En un Vacío los dos no se distinguen, 
Y cada cual contiene en sí la totalidad de las diez mil cosas; 
Cuando no se hace discriminación entre esto y aquello; 
¿Cómo puede surgir un criterio unilateral y prejuicioso? 
 
El Gran Método es calmo y longánime, 
Para él nada es fácil, nada es árduo; 
Los criterios pequeños son irresolutos, 
Cuando más se apresuran, más lentamente avanzan. 
 
El apego jamás se mantiene dentro de límites, 
Con seguridad se va por el camino equivocado; 
Abandónalo, y las cosas siguen sus propios rumbos, 
Mientras la Esencia ni se marcha ni permanece,  
Obedece a la naturaleza de las cosas y estarás en concordia con el Método, 
Calmo, cómodo y libre de molestias; 
Mas cuando tus pensamientos están atados, te apartas de la verdad, 
Crecen más pesados y torpes, y para nada son sanos. 
 
Cuando no son sanos, el espíritu se altera; 
¿De qué sirve entonces ser parcial y unilateral? 
Si quieres recorrer el curso del Vehículo Único, 
No seas prejuicioso contra los seis objetos sensorios. 
 
Cuando no tienes prejuicios contra los seis objetos sensorios, 
Entonces eres uno con la Iluminación; 
Los sabios son no-activos, 
Mientras los ignorantes se atan; 
Mientras en el Dharma mismo no hay individuación, 
Ignorantemente se apegan a los objetos particulares. 
En su propia mente que crea las ilusiones, 
¿No es ésta la máxima contradicción? 
 
Los ignorantes abrigan la idea de sosiego y desasosiego, 
Los iluminados no tienen gustos ni disgustos: 
Todas las formas de dualismo 
Son urdidas por los ignorantes mismos. 
Se parecen a visiones y flores en el aire; 
¿Por qué perturbarnos en asirlas? 
Ganancia y pérdida, verdad y error, 
¡Fuera con ellos de una vez por todas! 
Si la Mente retiene su absoluto, 
Las diez mil cosas son de la Talidad única. 
 
Cuando se sondea el hondo misterio de la Talidad, 
De improviso olvidamos las marañas externas; 
Cuando las diez mil cosas se ven en su unidad; 
Volvemos al origen y permanecemos donde siempre estuvimos. 
 
Olvida el origen de las cosas, 
Y alcanzaremos un estado que trasciende lo análogo; 
El movimiento se detiene, y no hay movimiento, 
El reposo se pone en movimiento, y no hay reposo; 
Cuando el dualismo no subsiste más, 
La unidad misma no mora.
 
El fin último de las cosas donde no pueden ir más adelante 
No está ligado por normas ni medidas; 
En la Mente armoniosa (con el Método) tenemos el principio de la identidad, 
En el que hallamos que todos los esfuerzos se aquietan; 
Las dudas e irresoluciones están completamente desechadas, 
Y se fortalece la fe correcta; 
Nada se deja detrás, 
Nada se retiene, 
Todo es vacío, lúcido, y auto-iluminador; 
No hay ejercicio, ni derroche de energía... 
Esto es donde el pensamiento nunca llega, 
Esto es donde la imaginación no logra medir. 
 
En el reino superior de la Talidad verdadera 
No hay "yo" ni "otro": 
Cuando se busca la identificación directa, 
Sólo podemos decir "No dos".
 
En ser "no dos" todo es lo mismo, 
Todo lo que es, está comprendido en él; 
Los sabios de los diez sectores 
Entrarán todos en esta Razón Absoluta.
 
Esta Razón Absoluta está más allá (del tiempo) 
Que se apresura y (del espacio) que se extiende, 
Para ella un instante es diez mil años; 
Véasela o no, 
Se manifiesta por doquier en la totalidad de los diez sectores. 
 
Las cosas infinitamente pequeñas son tan enormes 
Como las cosas enormes pueden serlo, 
Pues aquí no subsisten condiciones externas; 
Las cosas infinitamente enormes son tan pequeñas 
Como las cosas pequeñas pueden serlo, 
Pues aquí los límites objetivos no se consideran. 
 
Lo que es lo mismo como lo que no lo es, 
Lo que no lo es, es lo mismo que lo que es: 
Donde este estado de cosas no logra subsistir, 
Ciertamente, no hay que detenerse allí. 
 
Uno en Todo, 
Todo en Uno... 
Si sólo se comprendiese esto, 
¡No te preocuparías más por no ser perfecto! 
 
Donde la Mente y cada mente creyente no están divididas, 
Y donde están sin dividir cada mente creyente y la Mente, 
En donde las palabras fallan; 
Pues no es del pasado, del presente ni del futuro. 
 
 
 

                 (*) Hsin   La Mente-Corazón

                  Manual de Budismo Zen 
                  D.T. Suzuki 
                  Editorial Kier, 1976
        

  

 

Buscar la Mente-Corazón con la mente discriminatoria                 
           ¿acaso no es la más grande de las equivocaciones?                 

 

Sosan           

 

 

“Talidad” (del sánscrito táthata: cualidad de ser tal), es la experiencia absoluta que logra el Buda viviente de los fenómenos condicionados. Experiencia al margen de los móviles utilitarios y de los esquemas discriminadores, que suele ilustrarse con la metáfora del  “espejo de la budeidad” en que las apariencias insustanciales se reflejan tal como son (si son horribles se reflejan horribles, si son bellas se reflejan bellas, etc.), yendo y viniendo, sin dejar huella sobre la impecable superficie pulida.

 

 

Yamato

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